Joven farmacéutico agradece por el remedio que eliminó su enfermedad crónica y problemas familiares

Por La Gran Época

Sucedió que después de la muerte de mi madre, mi afligido padre lloraba desconsolado por la pérdida de su esposa e incluso en las noches le cantaba porque la extrañaba demasiado.

Yo estaba en séptimo grado y no entendía cómo podía amar tan profundamente a mi madre, porque siempre discutía con ella cuando estaba viva.

El fuerte temperamento de mi padre frecuentemente provocó fogosos conflictos con mi madre y todos los miembros de la familia. Ella tenía un historial de enfermedades y esas discordias la deprimieron y empeoraron su ya débil salud.

Mi madre era una mujer diligente que siempre cuidó bien de todos nosotros. Pero la situación financiera de nuestra familia era muy difícil y un día, después de un arduo trabajo en la granja, ella cayó enferma y nunca se recuperó.

Perder a mi madre fue un episodio muy doloroso en mi vida, seguido de mis propias enfermedades y una baja autoestima, la continua pobreza de mi familia y la distanciada relación con mi padre y mi madrastra.

Esta oscuridad me asoló durante mis años de juventud, hasta que durante mi último año de universidad mi primo me dio un regalo que cambió mi vida. Fue un libro que me abrió un nuevo horizonte, como un remedio holístico para dejar atrás un pasado doloroso y encontrar la salud y la felicidad eterna.

Eso fue hace cinco años. Hoy, a los 27 años, soy un respetado farmacéutico, dirijo un negocio honesto que continúa prosperando en un mundo ferozmente competitivo. Sirvo a los demás de una manera justa y responsable con toda la pasión y entusiasmo que tengo para dar.

Algo muy importante es que he encontrado sanación tanto en mi salud como en mis relaciones, gracias a ese precioso libro que transformó mi visión del mundo. Comparto mi experiencia aquí con la esperanza que otros también puedan beneficiarse del bien que me ha ofrecido a mí y a innumerables personas de todo el mundo.

Una infancia desdichada

Nací en una familia pobre de cinco hermanos. Yo era el tercer hijo y el único hombre. Mi padre dijo que yo era el más difícil de educar, el que lo hacía más miserable. Desde una edad temprana, tenía mala salud. Mis riñones estaban débiles y mi enuresis duró hasta el sexto grado. Mi padre buscó repetidamente tratamiento para mí, pero nada me ayudó.

Aunque mi padre se preocupaba mucho por su esposa e hijos, tenía un temperamento fuerte que hacía que la vida familiar no fuera armoniosa. Constantemente se peleaba con mi madre y en un tiempo incluso consideraron el divorcio.

Cuando mi madre falleció, era un adolescente y mi hermana menor sólo tenía 4 años.

Mi padre se volvió a casar un año después de la muerte de mi madre. En ese momento me dije, que si mi madrastra era buena con nosotros, entonces la llamaría mamá. Pero no fue así, ya que a menudo nos hablaba a mis hermanas y a mí con palabras duras y sentía que tenía una “lengua malvada”.

Normalmente yo era un niño bueno y obediente, pero con el tiempo empecé a odiar a mi madrastra y luego también a mi padre. Pronto dejé de mostrarles respeto a los dos.

A menudo tenía conflictos con mi madrastra y exageraba pequeños desacuerdos y los convertía en grandes problemas. Finalmente ella tuvo un bebé y los pensamientos de celos hacia ella y mi nuevo hermanastro me atormentaban constantemente.

Discordia familiar y mala salud

La discordia en mi familia siguió aumentando. Cuando yo estaba en el décimo grado, ya no pude quedarme en la misma casa con mi padre y mi madrastra. Así que me fui a vivir con mi abuela.

En ese momento empecé a sufrir de rinitis crónica, una inflamación de la nariz que me llevó a frecuentes congestiones nasales y estornudos. A veces apenas podía respirar. A pesar de no ser una enfermedad potencialmente mortal, me causó gran incomodidad y estrés en mi vida. Mi padre, pese a nuestros conflictos, hizo un gran esfuerzo en conseguirme tratamientos, pero ninguno tuvo éxito.

Aunque tenía mala salud, era un buen estudiante y tenía pasión por aprender. Incluso estuve becado a partir del octavo grado. Sin embargo, en el grado 12, a medida que se acercaban los exámenes de ingreso a la universidad, mi salud se deterioró repentinamente. Mi peso bajó a menos de 48 kilos, lucía pálido y demacrado. Afortunadamente, gracias al cuidado de mi hermana mayor, logré aprobar los exámenes de la escuela de farmacéutica y medicina.

Me preocupó que mi mala salud me impidiera manejar las exigencias de ser médico, como trabajar en turnos nocturnos, así que decidí estudiar farmacéutica.

Aprendiendo sobre Verdad-Benevolencia-Tolerancia

No hubo mejoría en mi salud a lo largo de los cinco años en la universidad. Ligado a los problemas de la infancia y adolescencia, desarrollé un complejo de inferioridad. Rara vez me relacionaba con otros estudiantes en clase o interactuaba con otros, en parte debido a mi baja autoestima.

Nunca pensé que al final de mis estudios universitarios encontraría un camino que transformaría mi vida para siempre.

Un día, durante mi último año en la escuela de farmacéutica, uno de mis primos me trajo un libro llamado Zhuan Falun y me animó a leerlo. Era el libro principal de Falun Gong, o Falun Dafa, una práctica tradicional china de qigong para mejorar la mente y el cuerpo. Consiste en leerlo y realizar cinco simples ejercicios incluido uno de meditación como parte de la vida diaria.

Después de leer Zhuan Falun, supe en mi corazón que ofrecía una forma prometedora de mejorar mi salud. Me impresionaron mucho sus principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia, además de su énfasis en la buena moral como el camino hacia una mente y cuerpo sanos.

Sin embargo, como era mi último año en la escuela de farmacéutica, me preocupé por encontrar un trabajo después de graduarme, así que no hice un esfuerzo serio por seguir la práctica y hacer las lecturas y los ejercicios regularmente.

‘Sacudir el mundo’

No fue hasta que un día vi una película que me di cuenta de lo valioso de Falun Dafa. La película, titulada “Shake the World” (Sacudir el mundo). Según la introducción, era una historia real sobre los acontecimientos que ocurrieron en China en 1999.

Esto despertó mi interés y al verlo me sorprendió descubrir que era de Falun Dafa. Se trataba tanto de la bondad de la práctica como del horror de su persecución por el régimen comunista en China desde 1999.

El nombre de la protagonista era Ding Yuan, una niña de una familia ordinaria de China. Su familia murió torturada después de ser encarcelada ilegalmente. Incluso bajo esas horribles circunstancias, ella no renunció a su creencia en Falun Dafa.

Me conmovió profundamente la extraordinaria valentía y fe de los practicantes en China y lloré como un niño mientras veía la película.

Desde entonces, empecé a estudiar seriamente las enseñanzas de Falun Dafa y a seguir sus principios.

Un nuevo horizonte

Zhuan Falun me abrió un nuevo horizonte, cambió completamente mi visión del mundo. Respondió muchas preguntas que antes tenía sobre la vida y el universo y me aclaró una miríada de temas incluyendo ciencia y salud.

Empecé a entender el propósito de la vida y las razones detrás de la enfermedad y el sufrimiento. Aprendí que la clave para resolver conflictos era considerar amable y generosamente primero a las otras personas, antes de pensar en mí. Me di cuenta de que, frente a las pruebas y tribulaciones, la herramienta mágica era mirar hacia adentro y encontrar la causa y la solución dentro de mí mismo.

Empecé a usar seriamente los principios de Verdad, Compasión y Tolerancia como el criterio para distinguir el bien del mal, usándolos como principios para vivir cada día. Cuanto más leía a Zhuan Falun, más se elevaba mi espíritu y más se iluminaba mi vida.

Aprendí de memoria los poemas escritos por el maestro de Falun Dafa, el Sr. Li Hongzhi, sumergiéndome en su profundo significado, llevándome a caminar bien por el camino de una buena persona.

Antes siempre me sentí estresado, me di cuenta que al escuchar la hermosa música de Falun Dafa me ayudaba a calmarme y me permitía lidiar de una manera constructiva con cualquier problema que se me presentara.

Resoluciones pacíficas

Falun Dafa me ayudó a resolver un conflicto que tenía con mi tío en ese momento. Él y yo compartimos una pequeña habitación alquilada durante mi último año en la universidad y le gustaba jugar videojuegos en el computador durante largos períodos de la noche. Ya tenía problemas con la congestión nasal y me costaba dormirme. El ruido de los videojuegos lo empeoró aún más y me enfadé mucho con mi tío.

Entonces miré hacia adentro y me di cuenta de cómo mi falta de honestidad y tolerancia contribuía al problema.

Mi relación con mi tío se restableció después de que hablé con él con franqueza. Vivimos juntos armoniosamente desde entonces. Finalmente podía sentirme bien descansado cada mañana, ya que el sueño comenzaba a venirme más rápido. También encontré una mayor confianza en mí mismo como resultado. Mis compañeros me dijeron que notaron el cambio positivo en mi apariencia.

Mientras estudiaba Zhuan Falun y hacía los ejercicios de la práctica diariamente, mi salud y energía mejoraron más y más. Mi peso aumentó de 48 a 70 kilos. Pude dormir menos y levantarme más temprano, lo que me dio más tiempo en el día para realizar las tareas. Me sentí alegre y feliz y me di cuenta de que practicar los ejercicios era la mejor forma de descanso.

También reconocí que mis celos hacia mi madrastra eran incorrectos, así como el resentimiento hacia mi padre por su amor a su nueva esposa. Después de ajustar mis pensamientos y comportamiento, la relación con mi padre, madrastra y medio hermano cambió para mejor.

El verdadero bienestar

La Organización Mundial de la Salud define la salud como “un estado de completo bienestar físico, mental y social y no meramente la ausencia de enfermedad o dolencia”, enfatizando el importante papel que el estado mental de una persona juega en su bienestar general.

Lo vi claramente en mi práctica de Falun Dafa. Seguir los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia transformó completamente mi actitud hacia la vida. A medida en que me fui convirtiendo en una persona más humilde y pacífica, las personas a mi alrededor también cambiaron y los conflictos y problemas se resolvieron por sí mismos. También me trajo salud física.

Verdad-Benevolencia-Tolerancia, estas son tres palabras sencillas que tienen una fuerza sin igual. Ellas han traído un enorme bienestar a mi vida y espero que al leer mi historia te sientas motivado a aprender más sobre Falun Dafa y tengas la oportunidad de descubrir esta bondad por ti mismo.

Nguyen Van Thong vive en Vietnam.

Nota del editor:

Falun Dafa es una práctica de cultivación de mente y cuerpo que enseña los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia como una manera de mejorar la salud, el carácter moral y alcanzar la sabiduría espiritual.

Para más información sobre la práctica, visite www.falundafa.org. Todos los libros, música de ejercicios e instrucciones están disponibles sin costo alguno.

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