El problema del fraude financiero en China

Por Fan Yu - La Gran Época

Análisis de noticias

Las acciones de TAL Education Group, una empresa que cotiza en la Bolsa de Nueva York y que ofrece clases particulares a estudiantes chinos, cayeron más del 40 por ciento entre el 12 de junio y el 7 de septiembre.

¿El motivo? El reconocido vendedor al descubierto Muddy Waters Research LLC de Carson Block publicó un informe el 13 de junio en el que se alegaba que la compañía con sede en China había exagerado fraudulentamente sus ganancias desde 2016.

Esto es el comportamiento habitual de Muddy Waters, conocido por vender en corto acciones cotizadas en EE. UU. de empresas poco transparentes, en su mayoría chinas. La firma de inversiones con sede en California se hizo conocida después de descubrir un fraude en Sino-Forest Corp, un operador chino de plantaciones comerciales que cotizaba en la Bolsa de Canadá. Sino-Forest se declaró en quiebra en 2012.

TAL y Sino-Forest no son una evidencia anecdótica, sino una confirmación sintomática de que las turbias compañías chinas que cotizan en las bolsas de los Estados Unidos representan un riesgo para los mercados financieros de los Estados Unidos y sus inversores. Por cada ganador, como Muddy Waters, hay potencialmente miles de perdedores, incluyendo al multimillonario administrador de fondos de cobertura John Paulson, que perdió cerca de 100 millones de dólares de Sino-Forest.

En términos generales, el aumento de la emisión extranjera de acciones y deuda por parte de empresas chinas se ha estado desarrollando en los últimos años. Fraudulento o no, ha sido una fuente importante de capital extranjero en China, estimulando la inversión extranjera directa e impulsando su reciente crecimiento económico.

Sin embargo presenta enormes riesgos para los inversores.

Contabilidad: secreto de Estado

Aproximadamente 400 empresas chinas fraudulentas cotizaron en Bolsas estadounidenses, según el reciente documental “The China Hustle”, que ayudó a poner el asunto en el centro de atención.

Los legisladores estadounidenses se están dando cuenta del riesgo. El senador Marco Rubio (republicano por Florida) declaró recientemente al Washington Post que “si las empresas con sede en China quieren cotizar en Bolsa o acceder a los mercados de capitales de Estados Unidos, debemos hacer que cumplan con las leyes estadounidenses. Si no lo hacen, debemos eliminar a las empresas con sede en China de las Bolsas estadounidenses”.

Las Bolsas de EE.UU. requieren ciertas declaraciones financieras y no financieras mínimas para poder cotizar en ellas. La Comisión de Bolsa y Valores (SEC, por sus siglas en inglés) regula el comercio de valores y exige a las compañías presentar declaraciones, estados financieros trimestrales y auditorías anuales.

El principal problema radica en que, a diferencia de las empresas con sede en Estados Unidos, los informes de auditoría de las empresas chinas y sus declaraciones financieras son revisados por auditores locales chinos, lo que hace imposible que los inversores estadounidenses verifiquen su exactitud e independencia. Y a pesar de los casos de fraude, los emisores chinos y sus ejecutivos no pueden ser contactados por los reguladores estadounidenses a menos que las autoridades chinas se involucren.

“Las empresas chinas cotizan en las bolsas de valores de Estados Unidos para recaudar capital al tiempo que operan en gran medida fuera de las leyes y reglamentos que rigen a las empresas estadounidenses”, señaló el informe de 2017 para el Congreso de la Comisión de Evaluación Económica y de Seguridad China de Estados Unidos.

“Durante la última década, los negociadores estadounidenses trataron de proteger a los inversionistas asegurándose de que todas las firmas de contadores públicos, tanto nacionales como extranjeras, divulgasen la información financiera de sus clientes tal como lo exige la ley de Estados Unidos”, escribió la comisión. “Sin embargo, algunas empresas chinas se negaron a divulgar sus prácticas contables y financieras a los inversores estadounidenses, exponiendo los límites de la capacidad de los reguladores estadounidenses para proteger a los inversores”.

Cuando los reguladores o inversores estadounidenses solicitaron documentos, Beijing se negó, citando leyes chinas sobre el secreto de Estado. En esencia, el Partido Comunista Chino (PCCh) trata los documentos de auditoría de las empresas chinas como secretos de Estado bien guardados.

En 2012, la SEC acusó a las filiales chinas de las “cuatro grandes” firmas de contabilidad, de violar las leyes de valores de Estados Unidos por negarse a entregar tales documentos. Debido a que las firmas de contadores están establecidas como una alianza mundial de sociedades limitadas locales, similares a los bufetes de abogados, las leyes de los Estados Unidos no tienen jurisdicción sobre la filial china local. Años de negociaciones entre los gobiernos condujeron a la divulgación limitada de información.

Otro factor que complica aún más las cosas es la forma en que las empresas chinas estructuran sus cotizaciones. Cientos de empresas chinas utilizan la llamada “fusión inversa”, que es la adquisición de una empresa estadounidense que ya cotiza en bolsa. Las fusiones inversas permiten a las compañías cotizar más rápidamente, de manera menos costosa y sin la mayor parte de las declaraciones onerosas que normalmente se requieren en el proceso de la oferta pública inicial (OPI).

Muchas empresas chinas –especialmente en tecnología– también tienen complejas estructuras de participación con sociedades offshore que las protegen aún más de las leyes de Estados Unidos y dan a los inversores extranjeros pocos o ningún derecho de voto o de control.

Aprovechar los mercados de capitales extranjeros

La exportación de fraudes financieros es una manifestación de la mayor participación de China en los mercados de deuda externa y de acciones.

Después de años de ataques contra el dólar estadounidense por ser la moneda dominante en los mercados de capital mundiales, China se tiró de cabeza.

El año pasado, empresas, bancos y gobiernos regionales chinos vendieron una cantidad récord de deuda en dólares. Los emisores chinos se combinaron para vender cerca de 222.900 millones bonos en dólares estadounidenses en 2017. Este año, se emitieron 106.200 millones de dólares hasta el 30 de junio, según datos de Bloomberg.

Los mayores beneficiarios fueron los bancos y las empresas de desarrollo inmobiliario, que emitieron 44.700 millones de dólares y 44.100 millones de dólares, respectivamente, el año pasado. Las empresas inmobiliarias lideran en 2018, con 29.900 millones de dólares emitidos hasta la fecha.

Esencialmente, las empresas y los bancos chinos están tomando dinero prestado de inversores extranjeros y después lo utilizan para comprar activos en el extranjero.

Tiene sentido, especialmente para los desarrolladores y bancos chinos que financian la iniciativa ‘Un Cinturón, Una Ruta’ u otro emprendimiento extranjero. El dinero se suele gastar en dólares, y evita que las empresas chinas tengan que vender yuanes para comprar dólares, lo que ejercería presión sobre su moneda. Además, los intereses en el extranjero suelen ser más bajos que los de los bonos nacionales, lo que se traduce en menores costos. Por último, los bonos en dólares se venden principalmente a compradores extranjeros, lo que resulta más apetecible para los burócratas de Beijing en el marco de una política de desendeudamiento. Es una situación de pura ventaja para las empresas chinas.

¿Pero es una victoria para los inversores?

No exactamente. El “China 50” de la bolsa de EE.UU., de S&P, el cual hace un seguimiento del rendimiento de las 50 empresas chinas más grandes que cotizan en los Estados Unidos, tiene un rendimiento anual hasta la fecha de -11,7 por ciento, y un rendimiento anual de -7,7 por ciento a partir del 7 de septiembre.

En cuanto a la deuda, las autoridades chinas anunciaron en junio que podrían prohibir la emisión de bonos denominados en dólares con vencimiento a menos de un año. Fue una admisión implícita del sufrimiento que se espera a corto plazo, ya que las subidas de las tasas de interés de la Reserva Federal y la disputa comercial del presidente Donald Trump con China fortalecieron el dólar frente al yuan, lo que ha colocado a las empresas chinas con deuda en dólares –con pocos o ningún ingreso en dólares– en una situación de mayor riesgo de entrar en default.

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